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¿Terminaré mi pieza antes de irme?

En las últimas sesiones me ha pasado algo que se repite mucho, sobre todo ahora que se acerca el cierre de año y las vacaciones, mientras alguien trabaja, levanta la vista, mira su pieza y me pregunta casi con un poco de ansiedad, oye, tú crees que sí la termine antes de irme, y siempre hay algo muy humano en esa pregunta, no es solo sobre la pieza, es sobre el tiempo, sobre cerrar ciclos, sobre no dejar algo “incompleto”.


Y casi siempre respondo lo mismo, no porque tenga una respuesta preparada, sino porque es lo único honesto que puedo decir, no lo sé, no puedo saber si una pieza va a estar lista, la arcilla no funciona así, no obedece calendarios, no entiende de vacaciones, entiende de procesos, de secados, de ritmos, de lo que hoy sí puede sostener y de lo que todavía no.


Entonces viene la segunda parte de la conversación, les digo que lo importante no es si la pieza se termina o no, lo importante es lo que está pasando mientras la trabajan, porque muchas veces la expectativa de “acabarla” empieza a apretar las manos, acelera decisiones, empuja el cuerpo a forzar algo que todavía no está listo, y ahí es donde el proceso se empieza a romper, no siempre la pieza, a veces la atención.


Hay algo que he visto con los años, cuando alguien se va del taller sin haber terminado una pieza y regresa semanas después, muchas veces ya no se puede seguir con esa arcilla, se secó, se cerró, ya no responde igual, y entonces surge otra pregunta, ¿y ahora qué hago?, y casi siempre la respuesta es volver a empezar, hacer otra pieza, tocar otra arcilla, repetir el gesto desde otro lugar.


Y curiosamente, eso que al principio parecía frustrante, termina siendo una de las partes más divertidas de la cerámica, volver a comenzar, no cargar con la idea de “tengo que terminar esto”, sino entrar de nuevo al proceso con más experiencia en las manos, con más escucha, con más paciencia, la pieza anterior queda ahí, no como un fracaso, sino como una huella, un registro de lo que ocurrió en ese momento.


Con el tiempo he entendido que las piezas son eso, huellas, no el objetivo, el objetivo no es acumular finales, es vivir el proceso, porque vivir solo ocurre aquí, en este gesto, en este espesor, en este borde que hoy sí puedo entender, cuando la mente se va al futuro, a la foto de la pieza terminada, aparece la ansiedad, y con ella nos perdemos lo único que realmente tenemos, este momento de contacto entre manos y arcilla.


La cerámica te recuerda algo muy simple y muy difícil a la vez, no puedes vivir corriendo hacia lo que sigue, porque lo que sigue todavía no existe, solo existe lo que estás tocando ahora, y si aprendes a quedarte ahí, incluso cuando no terminas la pieza, algo mucho más importante sí se completa.


La próxima vez que te preguntes si vas a alcanzar a terminar, tal vez valga la pena cambiar la pregunta, no ¿la acabaré?, sino ¿estoy realmente aquí mientras la hago?


Un abrazo

Angelo

 
 
 

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