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Regalar en contracorriente: cerámica, presencia y sentido

En estas semanas he visto algo que me parece valioso, muchas de las piezas que se están trabajando en el taller no son para uso propio, son para regalar, y eso, hoy en día, ya es un gesto importante, en un mundo saturado de objetos rápidos, desechables e industrializados, decidir regalar algo hecho con las manos es ir un poco en contracorriente.


Hacer una pieza en cerámica para regalar no es solo producir un objeto distinto, es tomar una postura, es decir sin palabras no todo tiene que ser inmediato, no todo tiene que ser reemplazable, no todo tiene que estar vacío de sentido, y justamente por eso aparece una responsabilidad mayor cuando hablamos de cerámica consciente.


No basta con que la pieza esté hecha por nosotros, la conciencia no está garantizada por el origen manual, está en la intención, en la atención y en la exigencia del proceso, la cerámica tiene una cualidad particular que no es menor, perdura, atraviesa el tiempo, muchas veces sobrevive a quienes la hicieron, por eso trabajar una pieza con la intención de que pueda acompañar a alguien durante años, incluso generaciones, cambia la forma en la que la construimos.

Aquí entra la importancia del desarrollo técnico, no como rigidez, sino como respeto, una intención profunda necesita una estructura que la sostenga, una forma clara, un espesor cuidado, una estabilidad real, porque el proceso es un fin en sí mismo, es el camino que le da densidad a lo que regalamos.


Si la pieza es utilitaria, lo ideal es que se use, que forme parte de la vida cotidiana de quien la recibe, que cada vez que la tome con las manos pueda percibirse algo de la atención con la que fue hecha, y si es decorativa, que no sea solo ornamento, sino una presencia silenciosa que transmita pausa y cuidado, lo que buscamos es que las piezas no terminen olvidadas en un cajón, sino integradas a la vida.


Pero también es importante recordar que no todo regalo tiene que ser un objeto terminado, otra forma de regalar, igual de valiosa, es regalar procesos, regalar tiempo, regalar experiencia, si la cerámica ha sido para ti un espacio de calma, de enfoque, de aprendizaje y de presencia, esos mismos beneficios pueden compartirse con otros a través de las gift cards del taller, regalar sesiones es regalar la posibilidad de vivir el proceso desde dentro.

Antes de cerrar un regalo, vale la pena preguntarse desde dónde lo hacemos, si es solo una respuesta automática a la temporada, o si realmente estamos compartiendo algo que puede acompañar a otra persona de manera significativa.


De mi parte, solo queda agradecerles profundamente por este año compartido, por el trabajo, la constancia y la confianza en el proceso, les mando un abrazo grande, y les deseo felices fechas, que así como en el taller, también fuera de él podamos recordar que lo importante es estar presentes, con atención y con quienes tenemos enfrente.


Un abrazo grande

Angelo

 
 
 

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